Las empresas más antiguas de Córdoba: Heladería de Montalbán, de los polos artesanales al departamento de I+D

En 1955, Julián Gálvez Fernández se lanzó a una verdadera aventura: ser un cordobés de Montalbán que apostaba por el helado. Desde el siglo XIX, Andalucía había sido tierra de emigración para familias procedentes de Levante que llevaban consigo el arte de hacer helado. Por ello era muy frecuente que los nombres del negocio resaltasen el origen. Y así sonaban aquellas denominaciones como La Valenciana, La Alicantina etc, tan abundantes en los anuncios de la prensa histórica ¿Cómo se decidió Gálvez a adentrarse en el mundillo ante semejante competencia? «Empezó en el negocio del frío, haciendo por ejemplo hielo para las cámaras frigoríficas de las conservas, aprovechando la infraestructura que tenía vio un filón en los helados», explica su nieto Rafael Pérez de Lastra, tercera generación de aquella empresa que empezó paradójicamente como la única cordobesa dedicada a los helados en la provincia de Córdoba. Nacía Heladería de Montalbán con sus primeros polos artesanales, elaborados en cierto modo de forma autodidacta.

Y en cuanto se vendieron los primeros polos empezaron también los repartos por los pueblos de la campiña y en Montalbán. En las fotos de la galería se puede ver el carrito característico, y también como Heladería de Montalbán al principio se llamaba Helados Gálvez. «Para los pueblos se hizo con una pequeña furgoneta en la que instaló una cámara frigorífica detrás», rememora Pérez de Lastra. «Era portátil, la metía en el Renault 4 con unos mecanismos de poleas que él mismo inventó». E igualmente en la galería se ve esta furgoneta con el letrero primigenio de Helados Gálvez. Hay que decir que todavía antes de Helados Gálvez se llamó La Frigorífica, y hasta llegar a Heladería de Montalbán en el año 2000 pasó por otro periodo con la denominación Heladería Julián.

Tras el abuelo vino el turno de la segunda generación, con María Gálvez, Francisco Gálvez y Julián Gálvez. Y ya hay tercera con Rafael Pérez de Lastra, Julián Gálvez y Adela Gálvez. En el camino siguieron innovando con el mismo espíritu del principio, y por ejemplo fueron también pioneros en materia de ultracongelación de pasteles, que antaño se hacían y consumían a diario. Y así del despacho inicial llegaron a las actuales instalaciones de más de 4.000 m2 para obradores de producción, cámaras frigoríficas, almacenes, oficinas, laboratorios y zona de logística y transporte. Cuentan con 60 empleados y un portfolio de entre 60 y 70 sabores de helados diferentes.

Y es que para los cordobeses, Heladería de Montalbán es aquella donde los cambios son constantes y todos los sabores posibles. El helado de gachas con una receta de la abuela es el que les dio fama en este aspecto, convirtiendo a la empresa en una invitada constante en los medios de comunicación. Todo ello ya parte de la división de trabajo entre producción, ventas y aspecto publicitario que llevó a cabo la segunda generación.

Gracias al departamento de I+D, cualquier sabor es posible y las pruebas son constantes: Puerto de Indias, Nocilla, Pedro Ximénez con pasas, galletas Chips Ahoy, Donettes, Huevo Kinder, Kinder Bueno, Kit-kat, piononos, mojito… o bien líneas novedosas como los helados ricos en proteínas. De hecho la intención de la empresa es abrirse al hogar, pues hace unos años estaban más centrados en la hostelería.

Además de con la sección de heladería, cuentan con la igualmente importante de pastelería, basada en concreto en la alta pastelería artesana, y con la de alimentación, que es la comentada de consumo en el hogar. Heladería de Montalbán empezó con enorme esfuerzo en 1955, y hoy todavía se ve la furgoneta de los orígenes, porque como homenaje la utilizan en las redes sociales para hacer concursos de fotos. No se trata de la misma, pero sí del mismo modelo al que han pintado como entonces y colocado el letrero correspondiente. En ese Renault 4 se mantiene la esencia de una empresa que empezó con el polo artesano y ahora se asemeja a un laboratorio científico del helado.