Acaba hasta con el 90% de los residuos

La universidad de Córdoba participa en un invento que limpia de tóxicos la cera de las abejas

La universidad de Córdoba participa en un invento que limpia de tóxicos la cera de las abejas

La Universidad de Córdoba ha participado en la puesta en marcha de un invento que elimina contaminantes de la cera de las abejas. Esta patente está fundamentalmente impulsada por otras dos universidades, la de Alcalá de Henares y la de Almería, y además cuenta con la colaboración del Consejo Superior de Investigaciones científicas. Es en Córdoba donde se ha realizado precisamente parte de las pruebas en colmenas que confirman la validez del tratamiento.

Este procedimiento de eliminación de tóxicos de la cera de las abejas surge de un problema acuciante, como narra el profesor del departamento de zoología de la Universidad de Córdoba, José Manuel Flores Serrano. Y es que la cera de las abejas sufre de una acumulación enorme de residuos. Unos son residuos agrícolas, otros sin embargo proceden del propio tratamiento que los agricultores aplican para luchar contra la varroa, el famoso parásito que trae de cabeza al sector desde hace décadas, capaz de acabar con una colmena en tan solo un año. La mayor parte de esos residuos vienen de este necesario combate. Y aquí se produce un efecto “pescadilla que se muerde la cola” debido a los, llamémoslos así, efectos secundarios del tratamiento. En los últimos años el producto que se utiliza fundamentalmente es el amitraz. Existen otros productos naturales menos perjudiciales pero se topan con el calor existente por ejemplo en numerosas regiones del sur de Europa, lo que les hace perder eficacia y por tanto ser descartados en la mayoría de ocasiones.

Los residuos son de tipo agrícola o bien proceden de la lucha contra la varroa

El profesor Flores destaca algo importantísimo, y es el hecho de que en Occidente prácticamente no existen colmenas de abejas silvestres, todos están vinculados a la producción apícola. O sea, que los apicultores necesariamente se ven obligados a aplicar el tratamiento. Si no se aplicase…nos quedaríamos sin abejas. Como ven ese efecto “pescadilla” es más bien un señor círculo vicioso.

Estos residuos acumulados en la cera «tienen un trasvase a  las crías o directamente al polen que almacenan las abejas para alimentarse, y a partir de ahí todo eso vuelve a circular de nuevo, con lo cual producen daño», detalla el profesor de la Universidad de Córdoba. Además recuerda que los apicultores reutilizan la cera de unas colmenas cuando ponen otras en marcha, por lo que van reciclando cera contaminada constantemente. «Además la cera que se utiliza en cosmética o en tratamientos farmacológicos debe de ser una cera limpia, así que te puedes imaginar la importancia de que no lleve residuos», añade.

UNA PLANTA PARA DESCONTAMINAR CERA

El método patentado es, entre comillas, sencillo. Se basa en la extracción de residuos con metanol. El proceso retira de media el 90% de los tóxicos.  Consta a su vez de un subproceso de extracción con metanol a 65 grados, y de un subproceso de adecuación con agua a 70 grados. A partir de ahí, en unos reactores, hay partes de fusión, extracción, centrifugación y evaporación. Por un lado queda la cera húmeda y descontaminada, con pérdidas de menos del 5%, y por otro los residuos.  Las pruebas realizadas con hasta 100 kilos de cera procedentes de producciones de Córdoba o Valencia muestran su eficacia, como afirma el profesor emérito de la Universidad de Alcalá, Antonio Rodríguez Fernández-Alba, uno de los grandes impulsores de este proyecto. «El proceso simplificado se podría describir como lavar la cera con metanol y con agua, pero de una manera eficiente, controlando temperaturas y eligiendo bien el disolvente», precisa.

Pero tan importante o más que el proceso, y así lo recalca el profesor emérito, está en que el proyecto lleva ya aparejada la ingeniería de detalle para la construcción de una  planta capaz de descontaminar hasta 20 toneladas de cera de abeja al año. «Sabemos exactamente cuánto cuesta hasta el último tornillo», indica Rodríguez. Y son 437.487 euros. Con esa inversión se contaría con un verdadero proceso industrial que daría como resultado cera limpia tanto para su reutilización en la fabricación de colmenas como para el mundo cosmético o el de la farmacopea. Todo el estudio ya ha contado con su pertinente presentación a diversas empresas y se apoya además en una patente internacional.

En este sentido el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares ve más propicio el proyecto para la cosmética y los productos farmaceúticos, ya que, como tantos sectores agropecuarios, la apicultura cuenta con notables subvenciones por un lado, por lo que esto sería un gasto, y por otro no hay limitaciones de momento al grado de contaminación de la cera, algo por lo que aboga Rodríguez vía legislación.

Mientras tanto en España se comercializa cera importada de China y…supuestamente limpia.

Además de los profesores comentados, este proyecto ha sido una verdadera labor de equipo en la que han contribuido Raúl Alonso, María Dolores Hernando, Amadeo Rodríguez, María José Gómez, Víctor Manuel Cutillas, Carmen María Ferrer y Antonio Valverde.

REGALAR UN PANAL DE RICA MIEL

Además de todo lo comentado, y como ha remarcado con sentido del humor el profesor de la Universidad de Córdoba, José Manuel Flores, se puede volver a la costumbre de regalar la miel en panal, para masticarlo y extraer la miel, una manera de consumirla muy tradicional por ejemplo en los pueblos y que alguna empresa incluso comercializa en tarrinas. «Yo no le hubiera regalado miel en panal a ningún amigo años atrás, pero ahora podría volver a hacerlo con esta cera descontaminada».

 

Más información en este artículo en inglés de Science Direct