Actualmente trabaja en coches eléctricos con más de 80 años

Antonio Pascual, el cordobés que ha inventado autogiros, motores y lavadoras

Antonio Pascual, el cordobés que ha inventado autogiros, motores y lavadoras

Entrar en la vivienda de Antonio Pascual Cabello en Fontanar de Quintos supone hacerlo directamente en el santuario de un experto en mecánica. No resulta habitual ver a una persona de 82 años con ropa de trabajo, lleno de suciedad y con una jornada por delante que no conoce la palabra jubilación aunque esté jubilado hace tiempo. De hecho junto a su socio Isidro Perán están inmersos en un proyecto de bicicletas y coches eléctricos de tipo hidráulico, donde los pedales no se usan como habitualmente, sino mediante presión. En la azotea cuentan con depósitos de otros vehículos que van a reciclar para fabricar un catamarán,  y en el mismísimo porche, tres autogiros. A un lado los dos prototipos que se fabricaron en Córdoba en los años 80 en Cenemesa y que Cabello compró al chatarrero Ricardo Solana. Al otro un autogiro invención propia. En el taller, a modo de cobertizo todo tipo de maquinaria y piezas. Nos encontramos ante el inventor más singular de Córdoba. O como veremos más bien un artista completo. [Nota de la redacción: el lector que no conozca la historia de los autogiros de Cenemesa encontrará en este artículo una excelente introducción para disfrutar más de esta historia].

Antonio Pascual junto al autogiro de su invención, algo deteriorado por el paso del tiempo

La casa la hizo el mismo, sin ayuda de nadie, incluida la piscina. «Cuando la hice tenía encima un brazo escayolado». Y arriba cuenta con un pequeño observatorio astronómico con el que quizá sea el telescopio particular más potente de Córdoba. «Me he quedado con las ganas de mejorarlo y hacerlo más potente añadiéndole espejos», explica este mecánico aeronáutico de oficio al que no para ni la edad ni las secuelas de un grave accidente que le valió la invalidez completa a los 49 años: «Me explotó en las manos un hidroacumulador de 150 atmósferas, me partió la cara, me dejó sin clavícula y la mano me la hizo polvo». Tardó cinco años de juicios hasta que le reconocieron sus derechos.

Pero retrocedamos en el tiempo. Pascual nació en Córdoba en 1940. Cree que su vocación procede de su niñez, ya que se crio en un taller mecánico que estaba en la Ribera. Allí trabajaba su padre. Así que pasó parte de su infancia viendo todo tipo de piezas, mecanismos y estructuras. «Mi imaginación empezó ahí a dar vueltas». Y su  imaginación en un sentido amplio, pues deseaba explicarse también las piezas que forman el motor del alma humana, hasta tal punto  que ingresó en el seminario con 10 años. Sin embargo lo dejó al poco tiempo y siendo muy pequeño por una verdadera crisis espiritual: «Ya con diez años pensaba que si Dios no puede hacer nada malo pero al crearte ya sabe si te has condenado o no…¿para qué leches me ha creado?», dice con sentido del humor pero seriedad al mismo tiempo.

Tras abandonar el seminario entró como aprendiz en Calzados Rodríguez, que entonces estaba en las Tendillas. Con 16 años ingresa gracias a una beca en la Universidad Laboral, recién creada en 1956. Allí hizo maestría industrial en la rama del automóvil. «Además de eso pasábamos por varios talleres, por ejemplo electricidad o calderería, era una formación muy completa». Al margen de los estudios llegó a hacer sonados números de teatro, magia y mentalismo. «El profesor de religión, que era cura y médico, se metía conmigo, y tanta caña me dio que me dije a mí mismo: “lo voy a aprender de verdad”». Y así llegó a aprender hipnosis, hasta el punto de que la empleó de forma terapéutica con un amigo al que alivió su tartamudez y el insomnio que padecía.

Pascual estudió maestría industrial en la Universidad Laboral

Un ingeniero alemán de visita en Córdoba se lo llevó a Dusseldorf para trabajar en una fábrica de herramientas junto a otros compañeros españoles. Más tarde se colocó en un taller de la Volkswagen. Pero se volvió debido a algún problemilla con sus compañeros  alemanes, que a su modo de ver ninguneaban a los españoles. De vuelta a casa se pasó por la Universidad Laboral y obtuvo un trabajo de inmediato. «Estaba el secretario de entonces, el Sr. Pozón, hablando por teléfono, salió a saludarme y me dijo que acababa de hablar con una empresa aeronáutica que necesitaba trabajadores, así que el mismo día me coloqué», recuerda entre risas. La empresa era, y es, Aerlyper, dedicada a la reparación de aviones ligeros y la fumigación.

Tras diez años recorriendo toda España como mecánico y fumigador en equipos de tierra se fue  a Valencia para trabajar en Avialsa. «Tenían la distribución de los aviones Dromader, que cargaban mil kilos de peso y tenían motores de estrella». Pascual fue el encargado de las revisiones.  Cada aparato necesitaba una revisión cada 25 horas.  Y de nuevo estuvo 20 años yendo y viniendo por España.

LA CARRERA DE INVENTOR

Con 17 años, y muchos antes de que se comercializaran las primeras, ya patentó un modelo de lavadora de tambor, que con una visión comercial le podría haber dado muchos dividendos. Pero no le hizo mucho caso a su propio invento y se sorprendió al ver otros parecidos ya en el mercado.

Pero además es inventor de un modelo de autogiro. Este asunto, el de los autogiros, contó con un proyecto en Córdoba ya tratado como hemos indicado por Datta Capital. Fueron dos modelos de autogiros que iba en teoría a fabricar Cenemesa para poder absorber a parte de la plantilla, que sobraba. Pascual se los compró a un chatarrero cuando el proyecto fue descartado, pues su intención era fabricarlos. Y de hecho consiguió desarrollar su propio autogiro. Todos ellos, como dijimos en la introducción de este reportaje, están en el porche de su casa.

Los autogiros de Cenemesa en el porche de la casa de Antonio Pascual

A diferencia de los de Cenemesa, uno mayor que otro, el de Pascual tiene el motor delante, no detrás, lo que favorece la estabilidad del aparato y permite tener detrás maletero. Además confiesa que vio un fallo en el autogiro de Cenemesa más grande, impulsado por dos motores paralelos. Pues bien, uno de ellos no funcionaba. El propio ingeniero que los impulsó, Vittorio Magni, quiso hacerse con ellos para un museo y ofreció a Pascual medio millón más de lo que le costaron (un millón y medio de pesetas), pero rechazó la oferta. «No obstante después estuvimos en conversaciones ambos con la alcaldesa de Peñarroya para ver si se podían fabricar allí, pero la idea no cuajó».

Seguimos con los inventos. Con modelos de cabinas como los de los autogiros de Cenemesa, está ahora desarrollando coches eléctricos. Y lo tienen todo a punto y con el propósito de que salgan al mercado a unos 7.500 euros para el público.

MÁS PATENTES

Pascual afirma categóricamente que los motores son lo suyo. Y así tiene patentado un motor rotativo del que nos muestra una maqueta. «Tiene solamente tres piezas en movimiento, por lo que me ahorro 250 piezas de las de un motor normal». Para resolver un problema que tenía el motor en una pieza elíptica estuvo 25 años. Finalmente dio con la solución, una fórmula determinada de elipse. Dicha fórmula también está patentada. Por cierto que con el motor llegó a estar reunido con los ingenieros de Derbi, entonces exitosa marca de motos con muchos títulos en las carreras. Lamentablemente coincidió con tiempos de deslocalizaciones y Derbi apostaba por China. Había que abaratar costes y no pudieron hacerse cargo de este ingenio.

La maqueta del motor de rotación de Antonio Pascual

Otra de sus patentes es un motor de ocho cilindros en hache sin válvula alternativa, sino con dos válvulas rotativas que alimentan a los cilindros. Este no se quedó en maqueta, sino que llegó a construirlo. El motor sin embargo tenía un problema, que había que ir engrasando la válvula rotativa. «Y eso me dio pie a otra patente». ¿Cuál fue? «Un sistema para que los coches no contaminaran que consistía en modificar la culata para que las cuatro válvulas fuesen al mismo tiempo de transmisión y de escape». Al margen de eso ha contado con otras patentes enfocadas a la recogida de la aceituna.

EL INVENTOR, LA RELIGIÓN, EL ARTE Y EL AMOR

Durante toda la charla, Antonio Pascual bromea por si queremos saber sobre su vida profesional, la religiosa o la sentimental. Y claro, Datta Capital ha de centrarse en la primera. Pero a modo de guinda ofrecemos unas ligeras pinceladas del resto.

¿Recuerdan que el niño Antonio ingresó en el seminario? Ya de adulto encontró lo que buscaba en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la Iglesia Mormona. Llegó a ser presidente de rama y primer consejero de Andalucía. No tiene equivalente en la Iglesia Católica pero sería el primero cargo parecido al del párroco y el segundo de bastante más consideración.

Dentro de la casa de Pascual hay numerosos cuadros. Es pintor además. Y no un pintor común, sino alguien capaz de hacer cuadros completos de forma aceleradísima, en apenas una hora. En su momento llegó a pintar y vender en torno a 300 por encargo.

Y como guinda, el amor. Casado durante décadas y padre de seis hijos, quedó viudo hace muy pocos años. Sin embargo el amor siguió triunfando con Juan y Medio, el popular presentador de Canal Sur, como particular Cupido, pues fue su programa televisivo el que lo puso en contacto con su actual esposa.

En resumen, una vida de película de la que este reportaje es apenas un leve reflejo.