El Mirador del Río abre su tercer restaurante en el centro comercial Los Azahares

Año 1993. Primer día de clase de 1º de ETEA (Empresariales). El profesor se retrasa. El profesor se retrasa más. El profesor se retrasa aún más. Ante esta falta en fecha tan señalada para jóvenes que acaban de terminar C.O.U., un alumno sube al estrado y empieza a revolucionar la clase llamando a la huelga. ¿Qué mejor modo de empezar un curso que con una ausencia del maestro y una huelga de los alumnos? Finalmente el revuelo se transforma en la salida de todos para protestar. De todos menos uno, que se queda dentro al pensar que esa carrera supone un buen esfuerzo económico para los padres y que comportarse como la masa no es lo suyo. El alumno revolucionario era David Enríquez. Y el solitario que no siguió el conato de huelga Alfredo Romeo. De tan pintoresco comienzo surgió sin embargo una amistad entre dos personalidades diferentes, responsables del grupo hostelero El Mirador del Río, que ha abierto recientemente su tercer local en los Azahares y espera reabrir otro en Arroyo del Moro en torno al mes de noviembre.

El nuevo establecimiento situado en el centro comercial Los Azahares está adaptado a la época post-covid. Para ello cuenta con grandes cristaleras en sus dos salas interiores, que además pueden abrirse para conectar con una terraza igualmente amplia. La barra es doble y está colocada en medio de las dos salas, de forma que una barra mira al interior y la otra está dispuesta para atender en la terraza. A su vez la terraza cuenta con una parte cubierta, estando el resto de las mesas distribuidas por la plaza de Los Azahares, que tiene por cierto parque infantil, por lo que el restaurante es idóneo para las familias. La cocina de El Mirador del Río es similar a la del resto de locales. Está basada en la cocina cordobesa de calidad y fundamentalmente comparte carta con el resto de restaurantes de la casa, salvando algún plato o sugerencia que se deja a la creatividad de cada cocinero.

Alfredo Romeo y David Enríquez

La historia de esta cadena de restaurantes parte de esa relación de amistad y asociación de Romeo y Enríquez, que ya con 20 años pusieron en marcha una primera alianza que consideran más anecdótica que significativa: la reforma de un piso de más de 140 metros cuadrados en el que tenían que instalar armarios empotrados, suelos de mármol y molduras, empeño en el que participaron con más arrojo que experiencia.

Su primera asociación más profesional fue en el año 2000 con el proyecto de Bichako, una plataforma que superaba la idea de los programas ilegales o alegales para bajar música de aquello años, como el  Napster, y se puede considerar más una especie de precursor de Spotify. Consistía en la instalación de ADSL en todos los bares para poner en marcha una red privada en la que reproducir mp3 con permiso de las discográficas. Llegaron a tener, entre otros los permisos de Sony. Hay que recordar que aquel año fue el inicio de la introducción de internet en los hogares y los primeros momentos de la que sería inminente explosión de los móviles. Finalmente la idea no cuajó en aquel contexto.

LA HOSTELERÍA Y EL AVIÓN CULTURAL

El sector de la hostelería llegaría años después, gracias  a la amistad de Enríquez con el conocido hostelero de la ciudad Rubén Rivero, con el que impulsó la discoteca Cibeles en el centro y el pub Inusual en la calle Isla Fuerteventura. En el 2011, con la instalación en Miraflores del avión cultural, el Ayuntamiento publicó un pliego de condiciones que unía la explotación de una instalación hostelera más un proyecto cultural centrado en el avión. Romeo y Enríquez volvieron a asociarse para proponer un restaurante con un auditorio que servía de mirador hacia Córdoba. Era el mandato de Andrés Ocaña como alcalde. Ese mismo año hubo cambio de gobierno. Se hizo José Antonio Nieto con la alcaldía y la parte cultural del pliego se perdió. Además el consistorio no apoyaría a los empresarios con 250.000 euros, como sucedía en el primer pliego, sino que todo lo tendría que poner el empresario. Ahí nació El Mirador del Río, que abrió sus puertas en 2013.

La idea desde el principio fue ofrecer un espacio abierto, amable y decorado con gusto y sencillez al servicio de la comida cordobesa, pero basándose para la gestión y operaciones en todo tipo de información y automatización de procesos generados por el uso intensivo de la tecnología y los datos arrojados (telecomandas, app de control de reservas y tiempos de espera, sistema de reservas, etc.). Con una política de ahorro y reinversión continua quedó consolidado el negocio que en 2014 amplió con el segundo establecimiento, el situado en Isla Fuerteventura, que cerró temporalmente, y en 2016 con el de Carlos III, que se afianzó en seguida en su barrio. Ahora llegan el de Los Azahares y en unos meses con la reapertura del cuarto nuevo restaurante en Isla Fuerteventura y así consolidar a esta cadena con un equipo de casi 40 personas y más de 1.000 m2 de instalaciones para todo tipo de eventos.

Aquella extraña pareja, parafraseando el título de la película de Jack Lemmon y Walter Matthau, que surgió hace 30 años en ETEA, continúa hoy día gestando proyectos gracias a una tradición familiar que, recalcan ambos, les ha ofrecido siempre apoyo constante tanto moral como financiero e inculcado el ahorro, el trabajo duro y la tendencia a ideas imaginativas, y unas personalidades complementarias que ellos mismos se atreven a definir uno del otro. Así, para David Enríquez, Alfredo Romeo ha aportado el sistema organizativo, los modos de trabajo y la visión estratégica; para Alfredo Romeo, David Enríquez ha consolidado la táctica operativa del día a día, la gestión de los equipos, y la excelencia de la gestión minuciosa. Todo ello basado, como apuntan, en la confianza surgida de la amistad de 30 años. El resultado es el crecimiento del Mirador del Río en tiempos además especialmente complicados para la hostelería.