Este será un posible titular en los próximos 5 años

“300 restaurantes acuerdan comprar 1.000 animales para su engorde”

Sabiendo nuestra capacidad de venta, ¿dónde tener mejor el dinero? ¿En derechos de disfrute sobre la producción de cada animal y en la cadena de valor o en un sistema financiero cada vez más incierto? Las tecnologías de registro distribuido garantizan estas transacciones (lo que llaman blockchain).

"300 restaurantes acuerdan comprar 1.000 animales para su engorde"

La integración vertical hacia atrás (backwards vertical integration) es una estrategia empresarial que consiste en la adquisición de proveedores para controlar el proceso productivo desde la materia prima hasta el producto final. Esta estrategia ha sido utilizada por empresas durante décadas, incluso siglos atrás, para controlar la calidad de los insumos que utilizan en sus procesos productivos.

Un ejemplo histórico de integración vertical hacia atrás lo encontramos en la industria automotriz, donde Henry Ford, en el año 1927, adquirió una compañía que producía caucho natural para sus neumáticos, asegurándose así de tener un suministro constante y de calidad para su producción de automóviles. En la actualidad, esta estrategia sigue siendo utilizada en muchos sectores, y se espera que en los próximos años se convierta en una tendencia cada vez más popular entre pequeñas empresas medianamente capitalizadas, como se menciona en el artículo.

La idea de que los empresarios locales se unan para llevar a cabo procesos de negocio diferentes a los acostumbrados también tiene una base histórica. Durante la Edad Media, los gremios de artesanos y comerciantes se unían para proteger sus intereses y llevar a cabo procesos de producción en común.

La pregunta a hacerse entre las pequeñas empresas de determinados sectores, que están medianamente capitalizadas, es dónde va a estar mejor invertido su dinero, si en el banco o en infraestructuras y procesos para sus negocios.

 

Tenemos la capacidad gracias a la tecnología de juntarnos 200 empresarios, por ejemplo en el ámbito de la hostelería y llevar a cabo procesos de negocios diferentes a los acostumbrados, convenientemente cubiertos por todo tipo de seguros de crédito y caución:

  • Podríamos comprar la producción de trigo suficiente para garantizar el consumo
  • Contratar la capacidad manufactora del pan para servir durante ese tiempo a los distribuidores
  • Contratar el reparto y logística entre nosotros.
   

Si fuera con los productos derivados de la carne de vacuno, cordero, cerdo o gallina, se podría llevar a cabo el mismo acuerdo:

  • Comprar 500 animales entre 200 restaurantes
  • Contratar la crianza, engorde y sacrificio
  • Contrata el despiece y la elaboración de la mater prima
  • Contratar el reparto entre los propietarios.

La idea final es que todas las partes envueltas en el proceso productivo compartan el riesgo que supone hoy en día mantener un negocio; que cada uno pueda fijar parte de su capital en garantizar no ya el mínimo coste, sino la capacidad de autonomía en el suministro de materias primas.

La llegada de la infraestructura que lo hace posible

Para que todo este tipo de relaciones económicas puedan darse, se necesitan sistemas que permitan a cada una de las partes asegurar su participación en las transacciones y donde se certifique

  • Identidad del usuario
  • Compromiso adquirido
  • Flujo de pagos
  • Garantía de suministro
  • Aval por parte de las empresas productoras

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